Para muchas personas con Parkinson —y para quienes las acompañan— hay una sensación difícil de nombrar: el tiempo parece alargarse. Una rutina que antes tomaba minutos ahora puede sentirse más larga, y organizar las actividades cotidianas puede volverse más complejo. Esta vivencia podría estar relacionada con la forma en que el Parkinson influye tanto en el movimiento como en el procesamiento mental.
La explicación tiene que ver con la dopamina. En el Parkinson, la progresiva pérdida de neuronas productoras de dopamina en la sustancia negra no solo afecta el control del movimiento, sino que también podría influir en el llamado "reloj interno" del cerebro, un mecanismo involucrado en la estimación del paso del tiempo. La evidencia sugiere que la dopamina participa en la regulación de este “reloj interno” y que su reducción crónica podría contribuir a cambios tanto cognitivos como motores relacionados con la percepción del tiempo —especialmente al estimar intervalos de varios segundos.
En otras palabras, las alteraciones del sistema dopaminérgico en el Parkinson podrían influir no solo en el movimiento, sino también en la forma en que el cerebro procesa y estima el paso del tiempo.
La bradicinesia —la lentitud en el movimiento— es uno de los -principales síntomas motores del Parkinson. Se caracteriza por movimientos más lentos que, en algunos casos, también pueden volverse más pequeños o disminuir progresivamente su velocidad al repetirlos. Estos cambios se relacionan con alteraciones en los circuitos cerebrales que participan en el control del movimiento.
En la práctica, esto puede significar que hacer actividades simples, como abotonarse una camisa, cortar un alimento, levantarse de una silla, requieran más tiempo. Esto puede modificar el ritmo de las rutinas y la manera en que se organiza el día.
Junto a la lentitud motora, algunas personas con Parkinson podrían experimentar bradifrenia: mayor lentitud en el procesamiento de la información. Esta lentitud puede manifestarse como una mayor lentitud en el pensamiento, dificultades en la atención y una respuesta más lenta ante determinados estímulos, y puede estar presente desde etapas iniciales de la enfermedad.
Esta combinación — lentitud motora y cognitiva — es parte de lo que puede modificar la manera de experimentar las rutinas diarias.
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Aunque cada persona vive el Parkinson de manera diferente, existen estrategias generales que organizaciones especializadas recomiendan para facilitar el día a día:
El Parkinson puede asociarse con cambios en la percepción y estimación del tiempo. Las alteraciones del sistema dopaminérgico, junto con la bradicinesia y la bradifrenia, podrían contribuir a modificar el ritmo de las actividades cotidianas. Adaptar las rutinas, respetar los tiempos de cada persona e incorporar estrategias que faciliten las tareas puede ayudar a organizar mejor el día a día.
No necesariamente. La forma en que el Parkinson puede afectar la percepción del tiempo varía de una persona a otra y puede estar relacionada con diferentes características de la enfermedad.
No. La bradifrenia se refiere a una menor velocidad de procesamiento, no a una pérdida de capacidad cognitiva. La persona puede necesitar más tiempo para procesar la información y responder.
Ajustar las expectativas de tiempo, planificar con anticipación y evitar apurar a la persona son estrategias que distintas organizaciones especializadas en Parkinson recomiendan como punto de partida.
Bibliografía:
La información brindada se proporciona solamente con fines educativos, no pretende sustituir el asesoramiento, el diagnóstico o el tratamiento médico profesional. Siempre consulta a tu médico u otro nuevo o suspender un tratamiento existente. Habla con tu profesional médico sobre cualquier consulta que puedas tener respecto a una condición médica.
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